«Y junto a la ventana del lecho;
el sol de la tarde llegaba hasta el centro de la cama.
… A las cuatro de la tarde nos separamos,
por una semana solamente… Jamás
pensé que duraría para siempre».
el sol de la tarde llegaba hasta el centro de la cama.
… A las cuatro de la tarde nos separamos,
por una semana solamente… Jamás
pensé que duraría para siempre».
El sol de la tarde. (1919)
Konstantino Kavafis
En la cama solo existe el vacío
de dos cuerpos abrazados.
Se perdieron en el viaje
de las manos que soñaban
con el color de la piel.
Llegó el hielo, la soledad
invadió el techo de la alcoba
de un noviembre sin estrellas
y la necesidad se hizo viento
en el lugar donde el amor
ya no existe.
Estel Julià
El amor dura 27 planos




2 comentarios:
Pelín terrible, Estel. El poema hermoso, como siempre.
El corto es demasiado pesimista. Cuando el hombre se marcha es posible que escriba sobre el amor que tuvo, o que al separar sus cuerpos ambos piensen en proyectos que los unan, o en el momento en que ella sale del plano quizá esté pensando en algo que pueda rejuvenecer el origen. La gelidez de la piel se convierte en un eco impreciso. Ella se busca un amante pero no se va. El se masturba viendo videos pornográficos, o termina pasando unas horas insulsas con una compañera de trabajo en la fria habitación de un hotel. Se sacia lo que no se tiene, se reafirma lo que se puede mantener, y si es más satisfactorio que lo que se pierde, el amor continua, se desarrolla, crece en esa frustración. Lo malo del amor es el deseo. Lo bueno del amor es el deseo. Pero el deseo es tan sagrado que nos confunde.
Al menos se arrugaron las sábanas. Y quién sabe si hasta que la muerte vuelva a unirlos no habrá una nueva oportunidad de deshacer juntos la cama.
Un beso.
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